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LA VOCACIÓN, la llamada del alma

De la raíz latina vox, voz, la vocación se define como llamada. Los estímulos constantes generan estrés y dispersión. Su ausencia, rutina y aburrimiento. El reto, ahora, es escuchar la propia voz, encontrar el propio camino.

Hubo un tiempo en que parecía tener la exclusiva de esta palabra la religión, y prácticamente sólo se hacía referencia a ella como sinónimo de vida eclesiástica. Actualmente se ha recuperado para la vida laica, aunque queda adscrita a determinadas profesiones, como la de maestro o médico… es decir, a aquellas que tienen un fuerte componente social.

La vocación, sin embargo, afecta a cualquier tarea y no está sometida al ámbito profesional. Se trata de una voz interior capaz de comunicar los designios del alma, depositaria de las claves que pueden otorgar sentido a la existencia.  Escuchar, entre las voces, una, diría el poeta Machado. El riesgo, ahora, es escucharlas todas menos la  voz sabia que anida dentro.

Es verdad que no siempre se expresa de forma audible e inteligible, que a veces es demasiado sutil y cuesta acceder a ella entre el ruido ambiental o transgeneracional. Entonces, los hilos tenues del azar de los que habla Robert Johnson, o un maestro amigo que no sólo nos conozca sino que nos reconozca, nos podrá conducir hasta ella.

Para establecer puentes en esa dirección, basta con prestar atención a los dones que emanan  de nosotros y que ejercemos naturalmente, sin apenas darnos cuenta.

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