PASIÓN Y VOCACIÓN

Hacer de mi pasión mi futuro, proponía un anuncio que leí hace poco en una estación de tren. El criterio más frecuente para decidir el oficio no acostumbra a ser la pasión sino el rendimiento económico o las tendencias sociales. Y es que quizá no abunda  tanto la pasión como pregonan los canales mediáticos.

Para sentir y vivir la pasión de una  manera impecable, es preciso  estar dispuesto a entregarse plenamente,  lo cual significa apasionarse: entregarse en cuerpo y alma, pasando por encima de convenciones, consejos y autocompasiones. La pasión es una fuerza anímica, es un sentimiento que implica a toda la persona y va acompañada de una visión ‘objetiva’, podríamos decir. Parece tener su origen en el exterior, en el objeto de la pasión, pero, de hecho, engloba objeto y sujeto y los funde en un todo.

Todo el mundo es susceptible de desarrollar pasiones a partir de sus dones y enfocarlas en personas, cosas y ámbitos muy diversos. Cuanto más intensa sea, mayor será la capacidad de superar las dudas y los handicaps. Dicen que las pruebas fortalecen y navegar a contracorriente pule y afina la posibilidad de hacer de ella un futuro y una  profesión.

Hacer de la pasión un futuro tiene que ver con saber escuchar la vocación, que es una llamada profunda a desplegar las velas del alma durante la existencia.

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