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ENSEÑAR Y SANAR, SIEMPRE CON AMOR

“Dos hombres enseñan una misma doctrina: el uno la enseña por amor a la ciencia misma y por amor a los discípulos que le escuchan. El otro la enseña por la gloria que se atrae y, acaso, para conquistar mayor número de oyentes, hará elocuentes demostraciones y sus discursos serán más brillantes.

Los hombres escucharán las palabras, pero no penetrarán en lo interior y desde luego, no verán la formidable irradiación de amor del primero, ni la nulidad de irradiación del segundo.

Dos hombres curan una misma enfermedad. El uno acumula medicina tras medicina. El otro apenas si hace beber alguna infusión de hierbas o un vaso de agua cristalina. ¿Cuál os parece que curará con mayor rapidez y a mayor número de enfermos?

Aquel desde luego, que más amor ponga en sus obras, por pequeñas, modestas e insignificantes que ellas aparezcan ante los ojos humanos.

Es hueca y vacía toda obra que deja vacío y hueco a quien la realiza, porque fue hecha tan sólo con la mira del aplauso y de la vanidad satisfecha.

Por eso, antes de realizar un acto de relativa importancia, preguntaos a vosotros mismos:

¿Qué fin me induce a realizar esta obra?

Josefa Rosalía Luque Álvarez

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