CALENDARIO FORMACIÓN IN-VOCATIO

Los módulos formativos, tanto en forma unitaria como temática, se plantean a petición de personas, grupos, centros o escuelas interesadas.

Se trata de un tipo de formación flexible y a la carta, ya que se puede adaptar a las necesidades y condiciones de grupos pequeños (8-20 personas aprox.), con posibilidad de hacerlo en tu localidad si sois un grupo de personas que quiera realizarla.

Si estás interesad@ ponte en contacto con nosotros invocatiovox@gmail.com.

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Puedes encontrar más información sobre la formación (contenidos, quien lo imparte, horarios, lugar, etc), pinchando Aquí.

 

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vida no vivida, aprender de lo que falta - in-vocatio

VIVIR LA VIDA NO VIVIDA, APRENDER DE LO QUE FALTA

En uno de nuestros artículos, mencionamos que la expresión ‘hilos tenues’ la habíamos tomado prestada de Robert Johnson, concretamente de su autobiografía, El equilibrio entre el cielo y la tierra. Ahora volvemos a este autor junguiano para escribir no tanto un artículo como una reseña de otro libro suyo, no traducido al castellano y que lleva como título Living your unlived life.

Inicialmente, hace alusión al mito griego de los hermanos gemelos Castor y Polux como hilo conductor de su planteamiento: que todos incubamos una vida no vivida paralelamente a la vivida, por el simple hecho de que no disponemos de las circunstancias favorables para desarrollar todas las posibilidades inherentes a nuestra doble naturaleza terrenal y espiritual.

Según el mito, un hermano es mortal y el otro inmortal y eso conlleva un gran sufrimiento por el desencuentro que supone. Del mismo modo, también nuestras dos naturalezas se desnivelan y, en la primera mitad de nuestra vida, se desenvuelve una en detrimento de la otra. En el zénit de nuestra vida, y una vez conocido y trabajado el potencial terrenal (en general) o el espiritual, llama a la puerta la parte oculta y a veces ignorada, cuando no menospreciada. Esa parte reclama sus derechos a la existencia y a la completud del ser.

Muchas enfermedades físicas se dan en el campo de batalla generado por la vida no vivida, afirma el autor, porque hay cualidades y estados que buscan un medio de expresión y de reconocimiento y, si se niegan o reprimen, se pueden manifestar en forma de trastornos tanto somáticos como psíquicos. No sería ajeno a ello el elevado porcentaje de depresión, ansiedad y estrés que aqueja a nuestra civilización.

Ahora bien, no siempre hay tiempo suficiente para colmar todo nuestro potencial, inserirnos en la sociedad y atender al ‘mundanal ruido’. No se trata de experimentar la vida no vivida y cambiar radicalmente de identidad, sino de buscar maneras de honrar y alimentar la vida no vivida de forma simbólica, porque esa vida no vivida merece y reclama conciencia – no necesariamente materialización.

En lugar de oposición, resignación o antagonismo, Robert Johnson habla de reconocer esa otra parte relegada o denostada y establecer puentes para que la vida sea más rica, más lúcida y más intensa.

Hacia la segunda mitad de nuestra vida se replantean de forma natural valores, objetivos y motivaciones. Se pierden algunos, se depuran otros, se sumerge uno a veces en crisis de las que emerge renovado – o más cínico según sea la gestión del cambio.

No sólo importa vivir mejor y con más calidad y serenidad durante la madurez y la vejez: también apunta el autor que a menudo la vida no vivida se traduce en lucha, obstáculo y amargura a la hora de partir. Y lo importante que es haberla hecho consciente y haberla expresado simbólicamente para reconciliarse con lo vivido y morir en paz.

Redimir nuestra vida no vivida significa incorporar un tipo de juego sin reglas donde lo que cuenta no es el reto o el éxito sino abrirse a nuevas posibilidades, nuevas experiencias, nuevas miradas al mundo y a la propia historia. Acoger y aprender de la vida no vivida es lo que propone esta obra, de la que cito este párrafo como conclusión de la reseña:

Debemos encontrar un lugar consciente para lo que hemos infradesarrollado, repudiado y marginado. La vida no vivida debe incorporarse al todo porque resulta que nuestra posición egocéntrica no es el centro del universo y porque algo se puede aprender de lo que falta.

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Living your unlived life. Robert A. Johnson and Jerry M. Ruhl. Penguin Group. 2007. Cita p. 214.

 

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GRACIAS AL EGO SE EXPANDE LA CONCIENCIA

Si el ego no muere, no se manifestará la divinidad en nosotros, dicen algunos. Si matamos el ego volveremos a la dimensión animal, dicen otros.

No hay evolución sin expansión de la conciencia y, para que esto suceda, solo hay un camino, el de la integración. Si excluimos nos escindimos y la conciencia se limita. Si integramos, sumamos y la conciencia se expande.

Es gracias al ego que nos diferenciamos de los animales. La cuestión es: al servicio de qué ponemos nuestro ego? Al servicio del orgullo, de la avaricia, etc.? o al servicio de nuestro potencial evolutivo y de la parte más sabia en nosotros?

La evolución tiene un sentido y que el ego y la conciencia nos diferencien del reino animal, también. Por eso podemos decir que, sin ego, el crecimiento de la conciencia es limitado. Que gracias al ego puedo abrazar un potencial mucho más grande, porque el ego me sostendrá y me permitirá asimilar contenidos que van más allà de mi yo individual. Gracias al ego estos contenidos no me sobrepasarán, ni me perderé en ellos. Y también gracias al ego no me perderé en los otros. Gracias al ego podré crecer desde mi individualidad a dimensiones más elevadas y expandirme hasta la conciencia cósmica. Podré canalizar mi creatividad y así se podrá materializar de forma sana y satisfactoria. Es el ego el que hace posible todo esto, el que practica una entrega sana y enriquece con la propia unicidad. Sin el ego, puedo encontrarme en situaciones dolorosas, com son la sumisión, la incapacidad de poner límites y de manifestar lo que soy realmente, que es a la vez mi propia unicidad, lo que puedo aportar al mundo.

Es necessario un ego fuerte, sólido y flexible que pueda frenar todo lo interno o externo que atente contra mi integridad. Con él podré recibir de forma consciente contenidos que afloran del inconsciente y así clarificar mis sombras.

Es necesario un ego fuerte, sólido y flexible que pueda acoger experiencias de trascendencia que iluminen la materia para que ésta irradie su propia luz. Y, a través de la luz de la conciencia, puedan reencontrarse cielo y tierra en nuestra huma-unidad.

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ENSEÑAR Y SANAR, SIEMPRE CON AMOR

“Dos hombres enseñan una misma doctrina: el uno la enseña por amor a la ciencia misma y por amor a los discípulos que le escuchan. El otro la enseña por la gloria que se atrae y, acaso, para conquistar mayor número de oyentes, hará elocuentes demostraciones y sus discursos serán más brillantes.

Los hombres escucharán las palabras, pero no penetrarán en lo interior y desde luego, no verán la formidable irradiación de amor del primero, ni la nulidad de irradiación del segundo.

Dos hombres curan una misma enfermedad. El uno acumula medicina tras medicina. El otro apenas si hace beber alguna infusión de hierbas o un vaso de agua cristalina. ¿Cuál os parece que curará con mayor rapidez y a mayor número de enfermos?

Aquel desde luego, que más amor ponga en sus obras, por pequeñas, modestas e insignificantes que ellas aparezcan ante los ojos humanos.

Es hueca y vacía toda obra que deja vacío y hueco a quien la realiza, porque fue hecha tan sólo con la mira del aplauso y de la vanidad satisfecha.

Por eso, antes de realizar un acto de relativa importancia, preguntaos a vosotros mismos:

¿Qué fin me induce a realizar esta obra?

Josefa Rosalía Luque Álvarez

HILOS SUTILES QUE TEJEN LA MAGIA DE LA VIDA

A menudo se ha comparado el curso de la existencia  con la creación  de un tapiz: la parte delantera presenta un orden y unas formas delimitadas mientras que la parte trasera es desordenada y un caos de hilos enrevesados. Esta imagen sirve para hablar de los hilos que trenzan la biografía y le aportan, a pesar de la complicación y el desorden, relieve, comprensión y coherencia.

Robert Johnson, uno de los discípulos de C.G. Jung que más ha contribuido a difundir su obra y su psicología, utiliza la expresión ‘hilos tenues’ (slender threads) para referirse a esos hilos conductores que, a modo del alma de un collar, van enlazando acontecimientos azarosos que comparten un denominador común, una complementariedad, un sentido inherente las más de las veces oculto bajo las apariencias.

Dichos hilos conductores son invisibles y no se pueden controlar ni dirigir por parte de la personalidad, por eso es más fácil ignorarlos o subestimarlos. Sin embargo, si nos adentramos en la hondura de toda vida humana, o en la de la Historia humana, descubrimos conexiones sorprendentes, vínculos absolutamente inesperados, giros simbólicamente anunciados, unido todo ello por un deseo, un origen o una dirección…

Sin que intervenga la voluntad o la lógica, se vuelve a los mismos lugares (con roles distintos quizá), se tropieza uno con las mismas personas (personas no habituales), se reencuentra uno con espacios similares, se abren y se cierran etapas en el mismo punto. La vida no es una línea recta sino circular – y, de repente, el círculo se convierte en una espiral.

Estos hilos están fabricados con materiales dispares, tanto internos (dones, anhelos, cualidades y defectos)  como externos, aprovechando elementos de los reinos terrenales (piedras, árboles, animales de todo tipo…)  y espirituales (ángeles, guías, maestros…). Los cuentos de hadas, mitos y leyendas son relatos aderezados con seres y objetos mágicos de los que  todo depende: una libélula, un enanito, un abracadabra, una lámpara… símbolos de esas pequeñas cosas que pueden o podrían cambiar el flujo o la vivencia de los acontecimientos si se les concede o concediera importància.

Son estos hilos sutiles los que tejen la trama de la vocación. Cuantas veces el azar interviene con señales, pistas, indicios, sueños… y también síntomas. Famoso azar, que recibe nombres diversos: casualidad, caos, destino, providencia…. No siempre se detectan de inmediato: a veces, hasta que no se encadenan los hechos y se adquiere cierta perspectiva no se percibe su unidad. En ocasiones, no es tan adecuada la pregunta del porqué pasan las cosas sino la del para qué pasan. No es el origen sino la finalidad la que da razón de existir. A veces, pues, la respuesta está en el futuro – y, mirando atrás, los hilos se hacen visibles y evidentes.

Prestar atención a estos tenues hilos favorece, conduce o confirma la vocación esencial y permite anclarla y desarrollarla a un ritmo ecológico.

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ODA AL INCONSCIENTE

El inconsciente es un misterio inabarcable, que no podemos contener en nuestra mente. Por lo tanto, pretender desde el mental que sabemos lo que pasa en nuestro inconsciente, es imponer, es limitar la vivencia profunda con palabras y sentencias que no hacen más que encarcelarnos.

En todo caso podemos aprender su lenguaje y dialogar con él. Así honramos el misterio de la sabiduría profunda que habita en nuestro interior.

Entonces el inconsciente se convierte en nuestro amigo. Descubrimos que quiere nuestro bien, que nos acompaña, nos guía y nos apoya en el viaje por la experiencia humana.

Aprender esto me ayudó a integrar mis profundidades desconocidas y me aportó una gran paz. El inconsciente dejó de ser un receptáculo de monstruos peligrosos que “atentaban contra mí y contra mis deseos”. Ya no era necesario temer lo que podía surgir de él.

Se convirtió en un territorio desconocido por donde podía emprender un viaje excitante y prometedor. Durante el cual a lo mejor sí que me encontraría con retos que tendría que afrontar, cosas que me darían miedo, que incluso podían superarme. Cosas que si conseguía aceptar e integrar, me mostrarían los más bellos tesoros.

También aprendí que el inconsciente se autoregula, se reequilibra y se armoniza a sí mismo. Cada vez que intentaba dirigir y creía saber lo que “me convenía”, impedía que el inconsciente se autoregulara, ponía límites a la vivencia y no accedía a la sabiduría profunda, al potencial sanador que reside en él.

Me di cuenta que cada vez que quería “entender” el mensaje del inconsciente desde la mente, limitaba también su mensaje. Su lenguaje es simbólico y el significado de los símbolos va mucho más allá de las palabras. Siempre es mucho más grande, profunda y sanadora la experiencia cuando la persona se deja “tocar” por los símbolos, los arquetipos y las metáforas, cuando recibe el mensaje del inconsciente sin intelectualizarlo y permite que éste penetre y madure en su interior.

Entonces surgen las preguntas “¿es esto real?” o “¿me lo estoy inventando?”. La respuesta a estas preguntas no es importante; para el inconsciente todo es real, pues no diferencia entre lo que llamamos real y lo que consideramos virtual. Si una imagen, un símbolo, una inspiración surge de nuestro interior, es porque en algun lugar dentro nuestro habitaba. Esto ya es motivo suficiente para escucharlo, para iniciar un diálogo con partes internas que contienen una sabiduría hasta ahora acallada, una sabiduría que va más allá de los conocimientos del intelecto o de la mente. Lo que de verdad importa es que este diálogo con el inconsciente nos lleve a un lugar mejor.

Así el inconsciente se transforma en la tierra prometida donde puedes anclar las raíces, para elevarte a grandes alturas desde donde ver con perspectiva la ruta recorrida, desde donde sentir más cerca la presencia de la divinidad, desde donde llegar a comprehender que tú formas parte de la divinidad, y el inconsciente también.

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RETOS QUE AFRONTA EL TERAPEUTA

El cambio evolutivo que está viviendo la Tierra recibe nombres diversos: despertar, era de Acuario, nuevo paradigma… Por eso está muy activa la familia de almas de los sanadores y muchas personas se sienten llamadas a ayudar y a colaborar en aras del cambio de conciencia.

El mundo de las terapias ocupa un abanico muy amplio y permite una búsqueda personal de largo recorrido. Se trata de una gran oportunidad el poder ofrecer y disponer de las variadas herramientas que proporciona tanto la tradición como la creatividad. ¡Es todo un lujo de nuestra época tener acceso a tantas vías de sanación!

El terapeuta y toda aquella persona dedicada a curar, a aliviar el dolor individual o social, o acompañar, tiene ante si un camino de rosas – con sus correspondientes espinas.

La profesión terapéutica entendida en un sentido amplio adolece de algunos puntos débiles. Mencionaré tres que merecen especial atención:

  • La higiene energética: “en casa del herrero, cuchara de palo”
  • La autoconciencia: “ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”
  • Sanar y salvar: “entre dos aguas”

A través del terapeuta y gracias a su presencia se pueden vivir experiencias difíciles de atravesar. El terapeuta acoge, contiene, sostiene y encauza muchos tipos de energía. Hace de mediador, de transformador energético. Y no siempre puede eliminar de forma automática toda la carga que eso supone. Por eso, ocuparse de su higiene física, emocional, mental y de la higiene de su canal es un punto que debería ser fuerte y, sin embargo, acostumbra a ser fuente de desgaste, tanto más debilitante cuanto más inconsciente sea.

La autoconciencia, para toda persona, no es evidente porque falta la perspectiva. Estamos demasiado cerca cuando se trata de autoobservarnos. De ahí que una percepción mínimamente objetiva requiera de puntos de referencia exteriores fiables. Cuando éstos fallan, es fácil entrar en un bucle en el que se afine la mirada hacia fuera y se atrofie la interna. Dichos puntos de referencia pueden encontrarse en la buena amistad, en un buen professor o en su propio proceso terapéutico cuando es conducido con discernimiento.

El ámbito inconsciente del terapeuta se proyecta alrededor y se refuerza una actitud de rigidez, cuando no de superioridad, que aisla cada vez más al terapeuta y lo instala en una torre de marfil desde donde se enfocan los problemas ajenos con una gran precisión – y se desenfocan los internos con suma imprecisión.

Es muy sutil y apenas perceptible la diferencia entre el terapeuta que estimula la capacidad sanadora del sujeto-paciente y el salvador que se apropia de esta capacidad y carga sobre sus anchos hombros con todo el protagonismo. Es loable desear ayudar, desear servir y contribuir a expandir la salud. Pero cuando ese deseo disfraza necesidades no reconocidas (afecto, prestigio, sexualidad, estatus, etc.) se distorsiona la relación terapéutica, que corre el riesgo de convertirse en una relación de poder. El salvador ejerce poder y control bajo una gruesa capa de palabras y actos socialmente aceptados y valorados; la necesidad de reconocimiento que acecha en cada sanador juega malas pasadas y hace navegar a menudo entre dos aguas, la de la auténtica voación terapéutica y la de necesidades no del todo cubiertas…

El cuerpo genera síntomas cuando se asumen responsabilidades ajenas, y es un buen termómetro para dosificar y corregir las tendencias mencionadas. Unas tendencias con las que tarde o temprano lidia todo terapeuta que transita por la vía de su vocación terapéutica y la va depurando a medida que va recorriendo el camino de su autosanación.

Una vision global que no descuide ni la singularidad ni la humanidad del sujeto y que incluya la importancia de la higiene energetica representa un aporte cualitativo en toda terapia.

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PASIÓN Y VOCACIÓN

Hacer de mi pasión mi futuro, proponía un anuncio que leí hace poco en una estación de tren. El criterio más frecuente para decidir el oficio no acostumbra a ser la pasión sino el rendimiento económico o las tendencias sociales. Y es que quizá no abunda  tanto la pasión como pregonan los canales mediáticos.

Para sentir y vivir la pasión de una  manera impecable, es preciso  estar dispuesto a entregarse plenamente,  lo cual significa apasionarse: entregarse en cuerpo y alma, pasando por encima de convenciones, consejos y autocompasiones. La pasión es una fuerza anímica, es un sentimiento que implica a toda la persona y va acompañada de una visión ‘objetiva’, podríamos decir. Parece tener su origen en el exterior, en el objeto de la pasión, pero, de hecho, engloba objeto y sujeto y los funde en un todo.

Todo el mundo es susceptible de desarrollar pasiones a partir de sus dones y enfocarlas en personas, cosas y ámbitos muy diversos. Cuanto más intensa sea, mayor será la capacidad de superar las dudas y los handicaps. Dicen que las pruebas fortalecen y navegar a contracorriente pule y afina la posibilidad de hacer de ella un futuro y una  profesión.

Hacer de la pasión un futuro tiene que ver con saber escuchar la vocación, que es una llamada profunda a desplegar las velas del alma durante la existencia.

SENTIDO Y DISCERNIMIENTO

“Si el hombre [y la mujer], en medio de todo este torbellino de estímulos quiere sobrevivir y resistir a los medios de comunicación de masas, debe saber qué es o no lo importante, qué es o no lo fundamental; en una palabra, qué es lo que tiene sentido y qué es lo que no lo tiene.”

Viktor Frankl

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LA VOCACIÓN, la llamada del alma

De la raíz latina vox, voz, la vocación se define como llamada. Los estímulos constantes generan estrés y dispersión. Su ausencia, rutina y aburrimiento. El reto, ahora, es escuchar la propia voz, encontrar el propio camino.

Hubo un tiempo en que parecía tener la exclusiva de esta palabra la religión, y prácticamente sólo se hacía referencia a ella como sinónimo de vida eclesiástica. Actualmente se ha recuperado para la vida laica, aunque queda adscrita a determinadas profesiones, como la de maestro o médico… es decir, a aquellas que tienen un fuerte componente social.

La vocación, sin embargo, afecta a cualquier tarea y no está sometida al ámbito profesional. Se trata de una voz interior capaz de comunicar los designios del alma, depositaria de las claves que pueden otorgar sentido a la existencia.  Escuchar, entre las voces, una, diría el poeta Machado. El riesgo, ahora, es escucharlas todas menos la  voz sabia que anida dentro.

Es verdad que no siempre se expresa de forma audible e inteligible, que a veces es demasiado sutil y cuesta acceder a ella entre el ruido ambiental o transgeneracional. Entonces, los hilos tenues del azar de los que habla Robert Johnson, o un maestro amigo que no sólo nos conozca sino que nos reconozca, nos podrá conducir hasta ella.

Para establecer puentes en esa dirección, basta con prestar atención a los dones que emanan  de nosotros y que ejercemos naturalmente, sin apenas darnos cuenta.