vida no vivida, aprender de lo que falta - in-vocatio

VIVIR LA VIDA NO VIVIDA, APRENDER DE LO QUE FALTA

En uno de nuestros artículos, mencionamos que la expresión ‘hilos tenues’ la habíamos tomado prestada de Robert Johnson, concretamente de su autobiografía, El equilibrio entre el cielo y la tierra. Ahora volvemos a este autor junguiano para escribir no tanto un artículo como una reseña de otro libro suyo, no traducido al castellano y que lleva como título Living your unlived life.

Inicialmente, hace alusión al mito griego de los hermanos gemelos Castor y Polux como hilo conductor de su planteamiento: que todos incubamos una vida no vivida paralelamente a la vivida, por el simple hecho de que no disponemos de las circunstancias favorables para desarrollar todas las posibilidades inherentes a nuestra doble naturaleza terrenal y espiritual.

Según el mito, un hermano es mortal y el otro inmortal y eso conlleva un gran sufrimiento por el desencuentro que supone. Del mismo modo, también nuestras dos naturalezas se desnivelan y, en la primera mitad de nuestra vida, se desenvuelve una en detrimento de la otra. En el zénit de nuestra vida, y una vez conocido y trabajado el potencial terrenal (en general) o el espiritual, llama a la puerta la parte oculta y a veces ignorada, cuando no menospreciada. Esa parte reclama sus derechos a la existencia y a la completud del ser.

Muchas enfermedades físicas se dan en el campo de batalla generado por la vida no vivida, afirma el autor, porque hay cualidades y estados que buscan un medio de expresión y de reconocimiento y, si se niegan o reprimen, se pueden manifestar en forma de trastornos tanto somáticos como psíquicos. No sería ajeno a ello el elevado porcentaje de depresión, ansiedad y estrés que aqueja a nuestra civilización.

Ahora bien, no siempre hay tiempo suficiente para colmar todo nuestro potencial, inserirnos en la sociedad y atender al ‘mundanal ruido’. No se trata de experimentar la vida no vivida y cambiar radicalmente de identidad, sino de buscar maneras de honrar y alimentar la vida no vivida de forma simbólica, porque esa vida no vivida merece y reclama conciencia – no necesariamente materialización.

En lugar de oposición, resignación o antagonismo, Robert Johnson habla de reconocer esa otra parte relegada o denostada y establecer puentes para que la vida sea más rica, más lúcida y más intensa.

Hacia la segunda mitad de nuestra vida se replantean de forma natural valores, objetivos y motivaciones. Se pierden algunos, se depuran otros, se sumerge uno a veces en crisis de las que emerge renovado – o más cínico según sea la gestión del cambio.

No sólo importa vivir mejor y con más calidad y serenidad durante la madurez y la vejez: también apunta el autor que a menudo la vida no vivida se traduce en lucha, obstáculo y amargura a la hora de partir. Y lo importante que es haberla hecho consciente y haberla expresado simbólicamente para reconciliarse con lo vivido y morir en paz.

Redimir nuestra vida no vivida significa incorporar un tipo de juego sin reglas donde lo que cuenta no es el reto o el éxito sino abrirse a nuevas posibilidades, nuevas experiencias, nuevas miradas al mundo y a la propia historia. Acoger y aprender de la vida no vivida es lo que propone esta obra, de la que cito este párrafo como conclusión de la reseña:

Debemos encontrar un lugar consciente para lo que hemos infradesarrollado, repudiado y marginado. La vida no vivida debe incorporarse al todo porque resulta que nuestra posición egocéntrica no es el centro del universo y porque algo se puede aprender de lo que falta.

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Living your unlived life. Robert A. Johnson and Jerry M. Ruhl. Penguin Group. 2007. Cita p. 214.

 

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GRACIAS AL EGO SE EXPANDE LA CONCIENCIA

Si el ego no muere, no se manifestará la divinidad en nosotros, dicen algunos. Si matamos el ego volveremos a la dimensión animal, dicen otros.

No hay evolución sin expansión de la conciencia y, para que esto suceda, solo hay un camino, el de la integración. Si excluimos nos escindimos y la conciencia se limita. Si integramos, sumamos y la conciencia se expande.

Es gracias al ego que nos diferenciamos de los animales. La cuestión es: al servicio de qué ponemos nuestro ego? Al servicio del orgullo, de la avaricia, etc.? o al servicio de nuestro potencial evolutivo y de la parte más sabia en nosotros?

La evolución tiene un sentido y que el ego y la conciencia nos diferencien del reino animal, también. Por eso podemos decir que, sin ego, el crecimiento de la conciencia es limitado. Que gracias al ego puedo abrazar un potencial mucho más grande, porque el ego me sostendrá y me permitirá asimilar contenidos que van más allà de mi yo individual. Gracias al ego estos contenidos no me sobrepasarán, ni me perderé en ellos. Y también gracias al ego no me perderé en los otros. Gracias al ego podré crecer desde mi individualidad a dimensiones más elevadas y expandirme hasta la conciencia cósmica. Podré canalizar mi creatividad y así se podrá materializar de forma sana y satisfactoria. Es el ego el que hace posible todo esto, el que practica una entrega sana y enriquece con la propia unicidad. Sin el ego, puedo encontrarme en situaciones dolorosas, com son la sumisión, la incapacidad de poner límites y de manifestar lo que soy realmente, que es a la vez mi propia unicidad, lo que puedo aportar al mundo.

Es necessario un ego fuerte, sólido y flexible que pueda frenar todo lo interno o externo que atente contra mi integridad. Con él podré recibir de forma consciente contenidos que afloran del inconsciente y así clarificar mis sombras.

Es necesario un ego fuerte, sólido y flexible que pueda acoger experiencias de trascendencia que iluminen la materia para que ésta irradie su propia luz. Y, a través de la luz de la conciencia, puedan reencontrarse cielo y tierra en nuestra huma-unidad.

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ENSEÑAR Y SANAR, SIEMPRE CON AMOR

“Dos hombres enseñan una misma doctrina: el uno la enseña por amor a la ciencia misma y por amor a los discípulos que le escuchan. El otro la enseña por la gloria que se atrae y, acaso, para conquistar mayor número de oyentes, hará elocuentes demostraciones y sus discursos serán más brillantes.

Los hombres escucharán las palabras, pero no penetrarán en lo interior y desde luego, no verán la formidable irradiación de amor del primero, ni la nulidad de irradiación del segundo.

Dos hombres curan una misma enfermedad. El uno acumula medicina tras medicina. El otro apenas si hace beber alguna infusión de hierbas o un vaso de agua cristalina. ¿Cuál os parece que curará con mayor rapidez y a mayor número de enfermos?

Aquel desde luego, que más amor ponga en sus obras, por pequeñas, modestas e insignificantes que ellas aparezcan ante los ojos humanos.

Es hueca y vacía toda obra que deja vacío y hueco a quien la realiza, porque fue hecha tan sólo con la mira del aplauso y de la vanidad satisfecha.

Por eso, antes de realizar un acto de relativa importancia, preguntaos a vosotros mismos:

¿Qué fin me induce a realizar esta obra?

Josefa Rosalía Luque Álvarez

TERAPEUTA, LUZ Y CONSCIENCIA

“Toda reacción química es un intercambio de fotones, intercambio de luz, eso es bien conocido desde el punto de vista de la física. Toda reacción química debe suceder previa excitación de los reactivos, y frecuentemente, lo que excita los reactivos, los átomos que van a formar las moléculas, es un mediador que es una enzima o catalizador. El terapeuta es una enzima excitadora, que sacude, que  saca a flote la luz que hay en ti, pero esa luz no es la luz de la estratosfera, también es la luz de tus átomos, porque en tus átomos y en tus electrones hay consciencia. […] La luz es el agente portador de la consciencia.

Jorge Carvajal